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El PSOE recupera el liderazgo del país

 

 

Por RAMÓN PALMERAL

Salvaje alma mía, ¡cómo te has quedado después de conocer los resultados electorales de las generales al Congreso y Senado! La noche ha sido larga, «noche eterna con ese corazón de agua que se escucha al dormirnos» escribió el gran poeta alcoyano Juan Gil-Albert. Te han dejado como si "el puma de Baracoa" te hubiera dado un gancho de izquierda, y te hubiera dejado K.O. como un burgués ilustrado tras leer "La Ilíada" de Homero, como un zombi que hubiera ido a votado con la lápida de su sepultura a cuesta.


Las esperadas elecciones del 28-Amperio se desarrollaron con normalidad y sin especiales espavientos ni potros desbocados mirando de perfil a la luna de abril (aguas mil, dice el refrán). Ganó el ínclito y luminoso Pedro Sánchez con 123 diputados, 37 más de los 84 que tenía antes. Ahora le toca pactar: o con Unidas Podemos más independentistas (dentistas de muelas ajenas) catalanes y vascos, más el «Falcón»; o con Rivera hacia el centro, sin espavientos ni referéndums. Desde el balcón de Ferraz ha dicho Sánchez (vestido con camisa blanca y vaqueros) que no pondrá «cordones sanitarios», y habrá más socialdemocracia.

Me gustaría encontrar esta noche  el anillo mágico de Giges y hacerme invisible, el inconveniente de hacerse el invisible, según la teoría de Glaucón (hermano de Platón y nombrado por Diógenes Laercio) al ser invisible el hombre se corrompe inmediatamente y es injusto. Pero en fin, aparcada la mitología y los cuerpos invisibles, que es lo que pasa cuando accedes al reino de los intocables como Pedro Sánchez, un socialista con la suerte de cara.

El partido conservador liberal del PP se hunde y queda por dejado del 69 erótico, es decir con 66 diputados (un número pandemonio), y a pesar de ello Casado sonríe, no sabemos por qué razón, quizás debiera dimitir. Rivera y sus Ciudadanos sube hasta los 57 escaños, lo cual supone una fuerza de centro (bisagra necesaria) para frenar a los independentistas. Unidos Podemos  se queda con 42 diputados y sin senadores como representación territorial; España se ha cansado del Coletas, y de su falta de etiqueta y del barbudo de Alberto Garzón, de la extinta Izquierda Unida.

Los 24 diputados VOX de Abascal, supone un varapalo para sus expectativas de llegar a los 60 ó 70 diputados que pretendían. Los españoles por ahora no quiere a un «salvapatrias» de la derechona, pero al menos el garbanzo se ha sembrado para que no dé vergüenza izar la bandera de España y lo tradicionalmente español: Semana Santa, toros, caza, o tener un arma para defenderse.  

Y aquellos electores que no fueron a votar a la gran fiesta de la democracia, sin tener impedimento físico o mental que le disuadiera, no tienen derecho alguno a protestar en casa, ni a salir a la calle en manifestaciones. Porque como he comentado en otras sátiras, quien no participa no puede pedir su ración de cabreo, que con el tiempo vendrán motivos para ello. Los llamados «indecisos descorazonados», son los que no se quieren mojar, son de los que mandan al perro para que recoja la pelota que cayó en la laguna verde o a la peligrosa acequia de los batanes cervantinos.

Cuando la mujer no podía votar todo eran proclamas para lograr sufragio universal, empezó a votar en las generales de 1933, como un derecho inalienable y participativo de una nación en la que vivimos en comunión, en comunidad igualitaria. Ahora que todos (hombres y mujeres) mayores de 18 años  tenemos ese derecho, muchos, por el contrario con el buen tiempo se han ido esta mañana a la montaña, a la playa o a jugar a la petanca con los bolos metálicos oxidados del abuelo, tirando la bola lo más cerca posible del boliche –bolita de madera, un jugador me dijo una vez que también se llamaba bola testigo, porque es la bola que se entera de todo lo que pasa durante el juego–, y no han votado. Algunos egocéntricos creen que su voto no sirve para una nada, una papeleta no llena urna, pero esto de votar es como el llover, una gota de agua no hace nada, pero millones o billones de gotas hacen tormenta y en muchos caso inundaciones.

Para ir abreviando (sin abrevadero), al nuevo gobierno legal de Pedro Sánchez, salido ahora de las urnas, debe ser elegido en el Congreso y  formar gobierno, y dispone de 100 días de confianza, antes de tirarnos todos a su cuello como verdugos –sin capuchas– con hachas estridentes como en la ejecuciones de la Edad Media.  Otra prueba de fuego serán las elecciones europeas y municipales del 26 de mayo, que, irán (no país de Mesopotamia), supongo por la misma tendencia de más socialdemocracia y menos «salavapatrias» de esta España en camino hacia el chatarrero.

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