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Privación de libertad y consumo de drogas

MIREIA PASCUAL

La vulnerabilidad a desarrollar una adicción tiene que ver con numerosos factores ambientales, como por ejemplo, el lugar en el que se nace o la familia o amigos con los que se crece. También con otros factores biológicos, psicológicos, sociales, etc. Pero nacer en un barrio u otro es comprar más o menos papeletas que mezcladas pueden acabar por llevar a la persona a un consumo, y que a la larga este desemboque en una adicción.


 

Nadie puede elegir donde nacer. Las dos fotografías mostradas arriba son de la misma ciudad. Son dos barrios distintos. Pedro Seijo es psiquiatra y trabaja con las personas que presentan adicción en los Centros Penitenciarios de Sevilla. Las dos imágenes forman parte de la presentación que realizó en la inauguración del Máster en Drogodependencias de la Universidad de Valencia del curso académico 2018-2019. En el mundo se calcula que hay unas 11 millones de personas presas, según el XI Informe de la Lista Mundial de Población de Prisiones 2016. Esto es una aproximación, dado que hay países que cuentan con un número indeterminado de personas en privación de libertad, lo que hace que este número posiblemente sea mayor. En Europa el país con mayor porcentaje de personas en prisión es Rusia. España, junto con Portugal y Reino Unido presentan mayores porcentajes que los países del centro y norte de Europa. ¿Hay algún problema con que las cifras de personas presas sea elevada? Andrew Coyle, profesor emérito de Estudio Penitenciarios de la Universidad de Londres, explica que este hecho debería ser un asunto de preocupación pública grave: “Una pequeña proporción de ellos son una amenaza para la seguridad pública y no hay duda de que tienen que ser detenidos. Sin embargo, en muchos países, la mayoría de los presos provienen de grupos minoritarios y marginalizados, o son enfermos mentales, o son adictos a las drogas y el alcohol".


Cárcel de Carabanchel, en Madrid. Según el Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías, se consumen drogas ilegales en la mayoría de los centros penitenciarios de Europa y algunos estudios demuestran que el consumo de drogas sigue siendo mayor entre los reclusos que entre la población general. Si comparamos el consumo de cannabis entre este segmento (EDADES 2015) y la población en privación de libertad, los datos son 9’5% frente a 42’2%. Lo mismo sucede con la cocaína esnifada: 1’9% frente a 30’7%; la cocaína fumada: 0’2% frente a 30’7% y la heroína: 0’1% frente a 14’3%. Además, según la Encuesta sobre salud y consumo de drogas en internados en instituciones penitenciarias 2016 (ESDIP) hasta un 21% de reclusos ha consumido drogas ilegales el último mes en prisión. Es decir, pese a los controles y la prohibición, las drogas llegan a la prisión y circulan.


Persona adicta a las drogas. Foto: archivo libre Pixabay.Aunque también es cierto que algunas personas, mayoritariamente hombres (la población presa en España la conforman un 92’2% hombres frente a un 7’5% mujeres), aprovechan la estancia en la prisión para realizar un tratamiento. Hasta un 25% de los internos ha estado alguna vez en tratamiento en prisión para dejar de consumir estupefacientes. No hay que olvidar que las cárceles en España tienen un objetivo de reinserción, algo que no ocurre en otros países del mundo, con un enfoque más punitivo y castigador. En la actualidad un 13% de los internos están en prisión en programas de drogodependencias, y los retos tras la excarcelación son, según Seijo, dar continuidad al trabajo en recursos de la comunidad, evitar sobredosis, prevenir recaídas y el reingreso en prisión.

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